31 de agosto de 2006

Feliz cumple, jefe

Mi papá es uno de los cuarenta aficionados al Necaxa en el D.F., para él, nunca serán "Hidrorrayos", como han querido imponer ciertos "genios" de la mercadotecnia pambolera. Y justo hoy -bueno, para la hora en que lo escribo debería decir "ayer"- es su cumpleaños. Qué mejor manera de festejarlo que viendo a su equipo ganar. Lástima que le haya ganado a mi Máquina Celeste. :p

Personalmente, creo que la suerte estuvo de parte del Necaxa: Vinieron por un puntito y se llevaron tres, así que les fue mucho mejor de lo que esperaban. Sin embargo, no me amarga la existencia haber visto perder al Azul; es sabido que, a mayor tiempo manteniendo el invicto, la presión sicológica haría mella en el carácter de los jugadores, entonces, esta derrota viene en buen momento para analizar y corregir errores.

Viendo el partido, me doy cuenta de que al Cruz Azul no le faltaron ocasiones de gol, incluso, Richard Núñez falló su segundo penal en lo que va de la temporada (claro, si se le veía en el semblante que estaba súper nervioso). No. Lo que le faltó a la Máquina fue ambición para ganar el partido. Preocupa el hecho de que, como si fuese una película repetida hasta el hartazgo, los celestes no sepan qué hacer para romper un esquema ultradefensivo.

Sí, tuvieron cojones para ir al frente y hacer el gol cuando iban perdiendo 2-0, pero en los quince minutos que quedaban, quisieron hacer lo que no habían hecho en todo el encuentro. Y es de todos conocido el oficio del Necaxa para arrinconarse y desesperar al rival. La lección para Mizrahi es, jugarle a este tipo de rivales con los mismos argumentos: ¿Qué pasa si el Cruz Azul cede la media cancha y obliga al contrario a adelantar sus líneas? En una de esas, los toma por sorpresa con una de esas lindas jugadas que, a puro toque de balón, pueden construir gente de la talla de Richard Núñez, Gabriel Pereyra o Israel López.

El Cruz Azul deja el superliderato temporalmente (lo cual no es importante, lo que interesa es que clasifiquen), pero, desde aquí le mandamos un mensaje, que viene a ser el corolario de la entrada anterior (Del refranero para los celestes): "No hay enemigo pequeño"; menospreciar al rival es ponerse uno mismo en desventaja. La soberbia nunca es buena consejera, mucho menos cuando el deportivismo nos incita a competir.

En tanto, ¡Feliz cumpleaños, pá!

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