29 de julio de 2006

El maestro Hilario

De estatura media, piel morena y bigote recortado, el maestro Hilario era la fiel estampa del mexicano. Siempre sonriente, sus ropas denotaban las arduas labores de su oficio: carpintero. Su cabello negro y abundante, sus ojos grandes y profundos, sus manos callosas... ¡Vaya! Hasta tenía esposa y dos hijos -niño y niña-, para completar el estereotipo.

A Hilario lo conocí cuando trabajé con mi papá; ayudándole eventualmente en una tlapalería (en aquel entonces, cursaba la carrera de diseño gráfico, y era muy curioso que pudiera poner en práctica mis conocimientos de teoría de color para mezclar las pinturas que ahí se vendían). Aunque casi no platicábamos, éramos buenos amigos. Sobre todo, porque siempre tenía a mano un consejo sincero, o alguna reflexión acerca de la vida y sus avatares.

Un día, se dió la oportunidad de conversar más allá de lo trivial para tocar el tema de la política, y aquél hombre sencillo me dió una lección de cuán hondo debiera ser nuestro conocimiento de los candidatos a puestos de elección popular. El maestro Hilario había conocido en persona a Ernesto Zedillo, entonces presidente de México, cuando este último era secretario de educación pública. ¿Su impresión? Zedillo era un perfeccionista insufrible, un ogro que, apenas llegaba al edificio de la secretaría, pedía que cesaran los ruidos del entorno. ¿Y cómo pedirle esto a un carpintero que trabaja la materia al ritmo del martillo y el serrucho? Como sea, aquél era un testimonio fiable, un retrato concreto del presidente cuya imagen para muchos era el Niño Diez (por la excelencia académica que lo llevó a cursar un doctorado en universidad extranjera), y para otros, el nefando y gris político causante del "Error de Diciembre", conocido en el ámbito internacional como el "Efecto Tequila".

Para el maestro Hilario, Zedillo era, fuera de todo discurso o análisis, una persona con un serio problema de carácter, y no había nada más que agregar. Hoy, leyendo el ensayo "AMLO: autorretrato de un retrato", del periodista Carlos Ramírez, recuerdo aquella plática, donde una persona honesta y humilde, daba testimonio de otra persona de carne y hueso, y a la sazón, político. Gracias, Hilario.

27 de julio de 2006

No solo relevante, accesible

¿Cuál es la forma de calificar la posición de un sitio web en los resultados de una búsqueda? Entre otras cosas, se considera la densidad de palabras clave (keywords density), lo cual, eventualmente, provoca que la redacción de las páginas incluya reiteraciones indeseables o textos confusos, que desvían la atención del usuario. La verdad es que los motores de búsqueda, constantemente están mejorando sus algoritmos para evitar este tipo de situaciones engorrosas. Actualmente, un interesante experimento se está llevando a cabo en GoogleLabs: Google Accesible Search (Búsqueda Web Accesible).

La idea original ha sido de T. V. Raman, científico de alto nivel en Google. Lo que se ha tenido en cuenta para este nuevo servicio es la sencillez del diseño, dando como resultado que se califica no sólo el contenido del sitio, sino la facilidad de uso (usability), del mismo.

Así pues, habrá que estar atentos a desarrollar sitios web que favorezcan su lectura. Atrás quedaron los sitios visualmente recargados; lo de hoy es preocuparse por usuarios cuyas preferencias de navegación sean con la opción de "mostrar imágenes" desactivada; a final de cuentas, a cualquiera le resultan molestos los distractores visuales que pasan por elementos del decorado.

Nota: Parte de este artículo se ha escrito con información del boletín de noticias de Google (Google Friends Newsletter).

Amar el mundo

Mientras escribo, escucho el "Claro de Luna" de Debussy. Y he pasado el día leyendo, diseñando, escribiendo. Así transcurren la mayoría de los días de mi vida. Y algunas veces me da por botar todo, o simplemente, postergarlo. Sin embargo, amo lo que soy, quien soy. La inspiración llega de repente y todo lo dejo; más importante es seguir el dictado de una musa que perseguir las preocupaciones mundanas o el enajenamiento del trabajo.

Amo el mundo y sus colores. El sabor de la fruta me sabe al mundo cuando la devoro. Es un placer decir que amo a la gente que me rodea y de quien a diario aprendo.

Agradezco que haya tantas cosas por conocer. Disfruto las relaciones de un tema con otro, por disímbolos que parezcan. Y me gustan las películas tontas que al final acaban en lo que uno-ya-sabe, porque, a pesar de todo, me dieron un espacio de disfrute, y pude volcarme hacia mí mismo para decir "eso puede gustarle a alguien a quien amo, por eso no lo juzgo".

Y digo con Walt Whitman, en un verso sublime de su Canto de mi mismo: "Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo". Me fascina ser de este mundo, de esta época, de esta estirpe que me acerca a los mitos de dioses descuartizados. He aprendido a amar el mundo, como a una obra divina; he ahí el principio de la virtud.

26 de julio de 2006

Demóstenes

Para muchas personas, el nombre Demóstenes se refiere al personaje de la serie de dibujos animados Don Gato y su Pandilla, sin saber que el nombre es un homenaje al orador más reconocido de la antigüedad. Y es que, han de recordar, el personaje Demóstenes tartamudeaba ("Oye, Do-do-don Gato"), tal como, según se dice, lo hacía el político y orador ateniense.

Algunos cuentan que, para superar el tartamudeo, Demóstenes se colocaba piedrecillas debajo de la lengua y pronunciaba sus discursos frente al mar hasta sentir que su lengua sangraba. Sin ir más lejos, recuerdo que, cuando tuve oportunidad de grabar unos spots de radio para la radio indigenista, la productora nos sugirió la idea de colocar un lápiz entre los dientes, mientras efectuábamos los ensayos, para mejorar la dicción.

Todo esto me viene a la mente debido a que hace algunos días me compré un micrófono para la computadora y estoy queriendo producir un podcast; y una de las razones para que no me anime a realizarlo es precisamente mi dicción que, hoy por hoy, deja mucho que desear.

Como no soy de los que se contentan con lo mediocre, estoy puliendo mi forma de hablar, ya que acuso cierta dislalia (o eso que me impide impostar correctamente algunas sílabas). ¡Qué importa que, a estas alturas, me duelan un poco la lengua y la garganta! ;-)

Páginas en Wikipedia:

14 de julio de 2006

Aforismo

Seguramente ustedes han escuchado o leído muchos aforismos. En particular, hay uno que ha venido cobrando fuerza, a partir de las denuncias de fraude electoral, por parte de Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como AMLO o, simplemente, Peje... me refiero a:

"Mejor morir de pie que vivir de rodillas".

Dicha frase, ha sido atribuida en diferentes versiones a: Ernesto Che Guevara ("Prefiero morir de pie, a vivir arrodillado"), Dolores Ibarruri, La Pasionaria ("Antes morir de pie que vivir de rodillas") y al General Emiliano Zapata ("Es mejor morir de pie que vivir de rodillas"). Sin embargo, lejos de proponer un debate acerca de a quién debiera atribuírsele este aforismo, quiero dejar constancia de mi propia versión del mismo:

"Mejor morir de pie que andar de ardillas". Antonio Rivera

Como siempre, espero sus comentarios. ¡Salud, camaradas! :-D

2 de julio de 2006

Democracia Imperfecta

Aquel caballero tenía por costumbre salir a votar muy temprano en cada elección presidencial. Se levantaba casi de madrugada para comenzar su ritual democrático: Se duchaba y afeitaba con esmero. Se engomaba el pelo y, sonriente, vestía las finas prendas que habían sido dispuestas desde la noche anterior. Frente al espejo ensayaba una pose hierática, que adoptaría al momento de depositar su voto en la urna. Finalmente, salía a paso veloz rumbo a la casilla donde, en forma grandilocuente, haría evidente a los demás su convicción de "cambiar el estado de cosas, no con balas ni discursos, sino expresando la voluntad del pueblo a través del sufragio".

Como cada seis años, su ánimo decayó y, con el corazón contrito, recordó aquello que él mismo solía repetir exaltado: "En México, los muertos no votan". Y se devolvió al Inframundo, a sufrir la desazón de otra democracia imperfecta.