26 de abril de 2005

25 de abril de 2005

Lengua larga

Me molesta mucho la gente hipócrita, así como la gente que habla nadamás por hablar. Si a esto le añadimos que individuos tan deleznables se atrevan a opinar a diestra y siniestra, tenemos como resultado al blogger que la jerga mercadológica llamaría aspiracional (que aspira a ser como alguien más y, sin conseguirlo, se ostenta en la categoría que quiere ocupar, el clásico tipo que se compra unas gafas que se parecen a las originales para verse "in") ¡Sí, sí! los leemos y los sufrimos a diario, cuando, en nuestra cotidiana búsqueda de información en Internet, nos topamos de repente con las burradas de "alguien" que se ha atrevido a publicar algo como diciendo: "esto que digo son puras netas, verdá de Dios".

No critico la legítima libertad de expresión de los escritores de la web; mi preocupación va orientada al hecho de haber padecido incontables veces la lectura de textos tan insulsos que ofenden la inteligencia. Quizá no venga al caso exhibir a nadie para demostrar mis asertos, pero es casi seguro que, quien esto lee, coincide en que la red está plagada de artículos y notas de opinión que distan mucho de ser confiables.

Ya sea por negligencia, ignorancia o vaya usted a saber porqué, lo que es un hecho, es que estas personas escriben mal: tienen errores ortográficos y de lógica, posturas radicales, escasa documentación de los temas que abordan... Cualquiera de estas situaciones sería excusable por separado, pero todas juntas provocan náusea. Y ahora que me percato que algunos de estos seudo escritores tienen una columna "de opinión" en algún medio impreso, no hallo a quién reclamarle semejante estupidez.

Creo que la advertencia de Warhol de los mentados "quince minutos de fama en la televisión" ha quedado rebasada a partir del advenimiento de las nuevas tecnologías de información y comunicación, donde todo mundo quiere ser visto, leído y escuchado. Nos queda mucho por padecer en este mundo inmerso en la globalización.