29 de noviembre de 2011

Acerca de la caridad en redes sociales

En estas fechas próximas al fin de año, se dejan ver muchas iniciativas impulsadas para favorecer a algún sector de la población, ya sea los indigentes, los niños huérfanos, las madres solteras, las personas que viven en la sierra y tienen múltiples carencias... Lo malo del caso es que, invariablemente, son usadas como plataforma para ganar la simpatía o atraer la atención de los demás sobre sí, siendo que la caridad, en su expresión más refinada, es anónima: El donante es un mero vehículo del altruismo y el que recibe la caridad es -o debería ser- el protagonista.

Sin embargo, algo hay en las redes sociales que provoca la competencia por el número de amigos virtuales. Luego, se aprovecha que haya tantas necesidades en el entorno para montar una campaña que, si bien se muestra como filantropía, su objetivo velado es el de ostentarse como una "buena persona"; aquello que tanto gusta a los políticos y gente del espectáculo, se contagia a otras tantas personas que quieren dar lustre a su moralidad.

Caridad y alarde son mutuamente excluyentes. Admiro que haya gente que sienta misericordia por los demás y se proponga mejorar la calidad de vida de aquellos; sin embargo, deploro que haya quienes se fijen metas de corto plazo y, como lo arriba mencionado, sólo sirva para llamar la atención sobre su perfil personal. La gente padece carencias todo el año; en aras de la congruencia, este tipo de campañas se deberían orquestar permanentemente y, sobre todo, sin el afán de protagonizar. Bienvenida la generosidad cuando pasa de incógnito.