19 de agosto de 2014

Internet Reloaded

Una noticia reciente informa que Microsoft reconsidera cambiarle el nombre a Internet Explorer. Al respecto cabe contar una curiosa anécdota: Hace algunos años, el programa informático que le hacía competencia al ubicuo Internet Explorer, era Netscape Navigator, lo cual dio origen a la llamada "Guerra de navegadores" (Browser Wars). En aquél entonces, ambos productos tenían una visión acerca de la manera en la que se debía de acceder al cúmulo de información de la World Wide Web: Para Netscape, la metáfora era clara, las páginas web debían ser navegadas, por lo que el usuario elegía un puerto de partida (portal) como inicio; en cambio, Microsoft defendía la metáfora de la Exploración, de manera análoga a como se accede a las carpetas y archivos en un sistema operativo.

A la vuelta de los años, ya sabemos cuál fue la metáfora que más se popularizó y arraigó en la jerga informática. ¿Alguien les ha sugerido ya el nombre de Internet Navigator para relanzar su producto? ;-)

29 de noviembre de 2011

Acerca de la caridad en redes sociales

En estas fechas próximas al fin de año, se dejan ver muchas iniciativas impulsadas para favorecer a algún sector de la población, ya sea los indigentes, los niños huérfanos, las madres solteras, las personas que viven en la sierra y tienen múltiples carencias... Lo malo del caso es que, invariablemente, son usadas como plataforma para ganar la simpatía o atraer la atención de los demás sobre sí, siendo que la caridad, en su expresión más refinada, es anónima: El donante es un mero vehículo del altruismo y el que recibe la caridad es -o debería ser- el protagonista.

Sin embargo, algo hay en las redes sociales que provoca la competencia por el número de amigos virtuales. Luego, se aprovecha que haya tantas necesidades en el entorno para montar una campaña que, si bien se muestra como filantropía, su objetivo velado es el de ostentarse como una "buena persona"; aquello que tanto gusta a los políticos y gente del espectáculo, se contagia a otras tantas personas que quieren dar lustre a su moralidad.

Caridad y alarde son mutuamente excluyentes. Admiro que haya gente que sienta misericordia por los demás y se proponga mejorar la calidad de vida de aquellos; sin embargo, deploro que haya quienes se fijen metas de corto plazo y, como lo arriba mencionado, sólo sirva para llamar la atención sobre su perfil personal. La gente padece carencias todo el año; en aras de la congruencia, este tipo de campañas se deberían orquestar permanentemente y, sobre todo, sin el afán de protagonizar. Bienvenida la generosidad cuando pasa de incógnito.

26 de enero de 2011

Todo este tiempo

Anduve errante por jardines exquisitos donde probé la miel de unos labios dulcísimos. Habité el lado oscuro de la Luna en cuarto menguante, cuando mi alma padeció el yugo de la ira y la infamia. Escuché el crepitar de alas de fuego, un vuelo que iniciaba desde debajo de mi piel y entre mis huesos. Todo este tiempo lo pasé a media soledad, en compañía íntima de los recuerdos.

Muchas veces me hizo falta escribir, como ahora. No podía, no me daba tiempo para aquietar las ansias y dar forma al pensamiento. Hoy he decidido volver a relatarle al corazón, blando espejo, lo que ha ocurrido en mi vida, que me tiene ocupado al punto de escribir tan poco para mis adentros. He aquí que amo.

Una mujer venida de un sueño, conquistó cada lugar cognoscible de mi espíritu y mi cuerpo. Como hada bendita, posó su tacto tibio en cada parte, hizo un castillo de pétalos dentro de mi pecho y lo habitó, clamando pertenencia. Por supuesto, la boca hizo lo suyo para confirmarlo. En caricias húmedas, prodigó "te quieros" infinitos, dos lenguas enlazadas, jugaron a ser tinta y papel, sílabas y versos. Si alguien conoce el amor, ése soy yo, porque fui abrazado por una luz liviana, ahí se escucha la vibración de venas palpitantes.

He aquí el prodigio del amor: Se espera tanto, que llega sin avisar; más parecido a un tsunami, que a la marea regular y predecible. En su ola arrasa con todo aquello que nunca fue, que nadie quiso. Y luego nos obsequia con las olas nuevas de la armonía. Nunca he sido tan feliz. Nunca tan serenamente dichoso y seguro del porvenir. Gracias, amada cómplice, corazón luminoso. Cuando le hablo al fondo de mi, ten por seguro que es porque quiero decírtelo a ti, y que mi piel trémula atestigüe que todo es verdad. Que he sido tuyo desde el inicio de mi tiempo. Todo este tiempo.

13 de julio de 2010

Definitivamente es así

Qué vueltas da la vida. Cuando uno cree que ya lo ha vivido todo -que lo ha sufrido todo-, una persona llega a salvarnos de la apatía y el desencanto. Entonces, se revela como necesaria, se hace cómplice de uno en la búsqueda de la felicidad. Las palabras, con su ímpetu mágico, derriban los miedos y las acechanzas, curan las heridas que otras palabras, torpes y malintencionadas, inflingieron al corazón.

Hay una metamorfosis en los sueños, porque se convierten en embajadas de la utopía, se aferran a ser posibles, a moldear la realidad futura y sembrar semillas de esperanza en lo que antes renunció a ser campo fecundo.

Hoy celebro que hayas llegado a mi vida, que hayas vencido las dudas y decidido hacer causa conmigo. El gran amor que ahora me prodigas será -es- justamente recompensado, porque el mundo es de quien se atreve a romper paradigmas y mi corazón, ese lugar ignoto de la tierra, ya te pertenece.

Definitivamente es así, el ciclo que tiende al amor.

26 de junio de 2010

Crónica del Inframundo

He aquí que soñé con un lugar sombrío. Una playa rocosa, cuyo horizonte era un mar picado y, más allá, densos nubarrones. Como oculto por una niebla eterna, los perfiles del terreno se difuminaban a cada paso y sólo la agudeza de las piedras recordaba al visitante en dónde se hallaba. Absorto en la contemplación, trataba de comprender aquél lugar extraño. Frío, ventisca, soledad y nada. Un espectro altísimo se aproximó en una barca y yo me quedé pasmado, admirando la imponente estatura de ese ser inimaginable. Sus ropas eran lienzos rasgados, uno sobre otro, como los de un paria o un leproso, sólo por su anatomía podían atribuírsele características humanas. Los brazos, de una extensión enorme, sostenían un remo a manera de cayado. Caminó un par de pasos en dirección mía y señaló a la barca, dejada a la deriva sobre las olas inquietas.

En un instante, me hallé en el navío endeble. Una mezcla de zozobra y emoción me tenía con los nervios tensos y la mirada divagante, hurgando afanosamente los detalles de todos lados. Aquél debía ser Caronte y estábamos navegando el Estigia, frontera del inframundo, borde entre los vivos y los muertos. Pensé entonces en la posibilidad de haber fallecido por una muerte repentina. ¿Qué sería de mis seres queridos?, ¿Qué sería de mis restos y mis escasas pertenencias?

Estaba en estas meditaciones cuando algo llamó mi atención por debajo de las aguas. Seres del color de la tierra se asomaban con expresiones de asombro hacia la barca. Figuras de líneas gruesas, cuyos rostros parecían tallados en piedra. Un ser barbado y de ojos muy abiertos nos miraba, flotando en el volúmen gris acuoso del Estigia. Caronte, indolentemente, arrojó una especie de máscara muy parecida a las facciones de esas criaturas y aquéllas se arremolinaron en torno a ésta. Una figura como de mujer le abrazó, intuí entonces que no era una máscara, sino un alma devuelta a los de su especie. Y después del abrazo, vino un acto como de canibalismo. Primero la mujer, luego los demás, todos tomaron un poco del alma y la apuraron en un bocado, tragándolo como una migaja. Ése era el rito de los seres del agua para el bien morir de los suyos.

Cuando descendí de la barca de Caronte, volví a repasar aquellas imágenes insólitas con el alma estremecida. Ésta crónica es testimonio de que sobreviví a ello.