10 de diciembre de 2009

Purga

Si para ti es difícil saber que te quiero, imagínate para mi, que lo estoy sintiendo. Ojalá hubiese un camino corto entre la desesperanza y el sosiego; así no estaría como hoy estoy, enmedio del proceso lento y doloroso de perderte. ¿Cómo adivinar el día aciago en que se suspendería todo?, ¿qué hacer para evitar los equívocos y las habladurías? De saberlo, te juro que no te soltaría mi abrazo ni un instante, para que pudieras reconocerte en el molde de mi afecto.

Pero, ¿qué más da? Si has decidido poner una brecha entre tú y yo, ¿cómo podría negarte la libertad de hacerlo? Me confieso culpable de haberte amado a la menor provocación y por el mínimo pretexto. No es que sea mi naturaleza enamoradiza, es que tú eres mujer total, bella por fuera y por dentro. Y ninguna de tus virtudes me pasó inadvertida, antes bien, se fueron revelando como la metamorfosis de la crisálida.

¡Oh, dulce y tierna joven mía! Nada me queda, sino pronunciar tu nombre a lo lejos. Gracias por haber sido tú, por existir, por tu cálida entrega. Ya comprendí que esta situación no tiene remedio. Estoy preparado para la intensa catarsis.

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