20 de enero de 2006

Hiperespacio

¿Hace cuánto te fuiste? Creo que hace poco, o hace mucho, según se mire. Pero para mi, cada día me significa tu partida. Te fuiste y no puedo volver a verte, y eso, mi amor, deveras me entristece. En mis sueños, sigo siendo el mismo muchacho que te hacía reir, el que por ti se preocupaba. En mis sueños me alegro de que sigas viva, allá donde otros te conocen.

Recuerdo tus emociones, tu vitalidad inmensa cuando dibujabas algo. Yo era el más feliz de los mortales contemplándote así, tan entregada a la vida... Lástima que eso se nos haya acabado pronto. Cómo quisiera haber sido yo el cadáver y que sobre mis huesos lloraras; para quedarme suspendido en el tiempo, para que mis lágrimas fueran magma y simiente, abrazo y olvido.

En dos años de amor, fuiste una desconocida bienamada. O una amada a secas, qué más da. Como si la vida nos diera para conocer a esa persona a la que llamamos "querida" o "mi cielo". La existencia es una flama que arde mejor cuando dos corazones se insuflan ánima y gozo, como tú y yo lo hicimos. Pero, querida, ¿por qué éste adiós para el que no estaba preparado? ¿por qué para tí la gloria y para mi este duelo recurrente? Oh, Dios, si no hubiese tenido tanta ingenuidad en aquellos días, quién sabe si mi amor hubiese sido tan generoso y arrojado.

Que el mundo lo sepa: En mí vives. Y conmigo, acaso, cada día despiertas. Porque tu mirada se me impregnó cuando te lloré tanto. Porque mis manos quedaron contagiadas de tus mimos, aunque haya algo de fetiche en todo ello. Esta es mi fábula sin semidioses ni princesas. Tan sólo dos seres cuyo infortunio era tanto que debían amarse hasta las últimas consecuencias.

Cumbre del dolor, ¿por qué me azotas? ¿No ves que mis ojos son dos muros de lamentaciones que no hacen esquina? Jamás me verás poniéndole precio a mi venganza. Es vacua, inútil y anacrónica. Si mi cuerpo ha quedado vacío de su molde, ¡qué importa! Vida me sobra para cernirla sobre llagas y tribulaciones.

Hoy la vi, apenas entrecerré los ojos. Qué hermosa era. Sus manos, qué divina gracia las cubría, y qué mágico toque el que impregnaba a sus obras. Mercedes, mentiría al decirte "te he olvidado". Hoy me doy cuenta que un beso puede ser bálsamo, universo y semilla. Y de esa caricia inefable, gracias a Dios, de tu boca tuve muchas. Gracias por mirarme desde tan lejos; desde ese hiperespacio que piel y flujos prometían, y que se hizo realidad enseguida que cerraste tus ojos.

4 comentarios:

  1. Joselo4:44 p.m.

    mi querido partner, q me ha gustado este escrito! a excepción del cierre, pues el estilo deja de ser sencillo en ese último párrafo. Pero parece q cuando escribes y dejas de lado el efectismo -lo digo por todos, no sólo por tí- las cosas se escriben y lo mejor de todo: se leen más rico.

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  2. En ese escrito, a pesar de que se puede leer el dolor que causa una ausencia, se lee también que se vivió un amor pleno, que fue un amor compartido, con toda la expresión de la palabra; dichoso tú, que sabes lo que es éso; piensa que hay quienes no lo hemos tenido, que no hemos encontrado a alguien que nos deje su huella... mucho menos quien nos arranque unas lágrimas.

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  3. Gracias a ambos por sus buenos comentarios. Los aprecio mucho. :)

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  4. Que hermoso. Que doloroso. Admiración y lágrima, como la última sensación antes de que un angel hermoso y brillante aseste el corte final que separe nuestra cabeza del cuerpo.

    Ojalá Antonio, muy pronto, puedas entender todo lo que te entiendo, todo lo que sé que se siente. Quizás en algún momento pueda yo escribir de esta manera que lo has hecho, ciñiendo sobre nosotros esas imágenes tan hermosas, y de nuevo, dolorosas.

    Estoy contigo, amigo.

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